Mundo Yold. La noche en la que Jasenovac vivió su peor infierno

Jasenovac: cronología del terror

 

Carmen Matas
28 agosto, 2022

El 29 de agosto de 1942, en el campo de concentración de Jasenovac, en Croacia, el seminarista franciscano Petar Brzica, general de los Ustacha, degolló a más de 1.300 serbios recién llegados al campo. Fue la noche más oscura de un lugar que ya destacaba por su especial crudeza.

El campo de concentración de Jasenovac es conocido como el Auschwitz de los Balcanes por los horrores que allí sucedieron. Los números son difíciles de conocer, pero se calcula que unas 700.000 personas fueron asesinadas en este campo. Entre los brutales episodios, el de la noche del 29 de agosto de 1942 destaca por su especial crueldad. Fue la noche en la que Petar Brzica, croata fascista y franciscano, masacró a más de 1.300 personas.

En una zona del mundo que ha vivido en conflicto desde hace cientos de años por problemas étnicos y religiosos, no es muy difícil encender la mecha del odio entre croatas católicos, serbios ortodoxos y bosnios musulmanes. Cuando la Alemania nazi invadió Yugoslavia en 1941, creó el Estado Independiente de Croacia y puso al mando a los Ustacha, una organización nacionalista y fascista que se impuso sobre las demás etnias por medio del terror. Fue entonces cuando Ante Pavelić, dictador al mando del gobierno croata, creó el campo de concentración de Jasenovac.

Jasenovac es conocido como el Auschwitz de los Balcanes por los horrores que allí sucedieron.

Fue el único campo de concentración de la Europa ocupada que fue fundado y administrado por las autoridades del país. De hecho, en este caso, los alumnos superaron con creces a sus maestros, y los propios nazis quedaron espantados de la crueldad de los Ustachas, que no solo se ensañaron con los judíos y gitanos, sino también con los eslovenos, bosnios, comunistas y partisanos. La mayoría de las personas que fueron deportadas y asesinadas allí eran serbios.

Ante Pavelic

El campo de los horrores
Jasenovac era un complejo que reúne cinco campos a orillas del río Sava, con una extensión de casi 250 km². Entre los cinco campos había uno específicamente para niños y otro para mujeres.

Después de indecibles torturas y de las formas de exterminio más extremas, las víctimas de Jasenovac eran incineradas y sus restos arrojados al río Sava. Este es el principal motivo por el que no se conoce con exactitud el número de víctimas que allí perecieron aunque, como explicábamos al principio de este reportaje, se calcula que ascienden a más de 700.000. Violaciones, torturas a niños, extirpaciones de órganos… toda clase de atrocidades era el pan de cada día en el campo.

Los asesinos profesionales de la Ustacha

Muchas veces, los presos morían extenuados, ya que hacían frente a duras jornadas de trabajo de una media de once horas al día, construyendo diques y elaborando ladrillos. Por no hablar de las enfermedades contagiosas, como el tifus, la fiebre tifoidea, la malaria y la difteria, que mataban a cientos de presos cada día.

Los propios nazis quedaron espantados de la crueldad de los Ustachas, que se ensañaron con judíos, gitanos, eslovenos, bosnios, comunistas y partisanos.

Pero la peor epidemia fue la extrema crueldad por la que destacaron los generales del campo de Jasenovac. De hecho, competían entre ellos por ver quién era el más cruel: disfrutaban matando a prisioneros inocentes. Allí no había cámaras de gas, como solía ser el caso de la Alemania nazi, y las ejecuciones se realizaban con mazas, cuchillos y hachas. Cuando el general alemán Edmund Glaise von Horstenau visitó Jasenovac quedó impresionado por la crueldad de las ejecuciones y el perverso trato a los prisioneros. Horstenau se quejó a su superior, el general Wilhelm Keitel, de la horripilante barbarie desplegada. “Jasenovac es el epítome del horror”, aseguró. Lo decía un general nazi.

El jefe del campo era Miroslav Filipović, ex franciscano expulsado de la orden, responsable directo de la muerte de cientos de internos. Fue condenado a la horca después de ser juzgado en 1946. Durante el juicio, llevaba puesta una túnica de la orden franciscana. Por su parte, el jefe de seguridad del campo era Maks Luburić, un oficial ustacha que había “perfeccionado sus habilidades” en Auschwitz.

Violaciones, torturas a niños, extirpaciones de órganos… toda clase de atrocidades era el pan de cada día en el campo.

Cuando los partisanos de Tito rodearon el campo, los Ustachas asesinaron a los 2.000 internos que aún quedaban, quemaron toda la documentación e incendiaron las instalaciones. Tres de los responsables del gobierno ustacha, Ante Pavelić, Dinko Šakić y Anton Elez, se refugiaron en Argentina, donde consiguieron llevar una vida normal.

En el caso de Luburić, pudo vivir en España protegido por el franquismo, hasta que fue asesinado por un agente del servicio secreto yugoslavo

La noche del horror
Petar Brzica era otro de los comandantes de campo y, al igual que Miroslav Filipović, también pertenecía a la orden franciscana. Brzica destacó por su especial crueldad, especialmente con los serbios. Uno de sus principales orgullos era el de haber asesinado a 1.360 reclusos de Jasenovac en una sola noche. Era la noche del 29 de agosto de 1942 y todo fue fruto de una apuesta entre él y otros dos guardas del campo para ver quién mataba a la mayor cantidad posible de prisioneros serbios recién llegados al campo de concentración de Jasenovac utilizando un cuchillo llamado “srbosjek”.

El genocida Petar Brzica 

El genocidio del 29 de agosto de 1942 fue fruto de una apuesta entre Brzica y otros dos guardas del campo, para ver quién mataba a la mayor cantidad posible de prisioneros.

Uno de ellos, Ustaše Mile Friganović, dejó un escalofriante testimonio de las atrocidades: “El franciscano Petar Brzica, Ante Zrinušić, Sipka y yo hicimos una apuesta sobre quién mataría a más prisioneros esa noche. Comenzó la matanza y ya después de una hora maté mucho más que ellos. Me parecía que estaba en el séptimo cielo. Nunca había sentido tal felicidad en mi vida. Y ya después de unas horas maté a 1.100 personas, mientras que los demás solo lograron matar de 300 a 400 cada uno (…). Pero finalmente Brzica ganó la apuesta porque había sacrificado a 1.360 prisioneros y pagué la apuesta sin decir una palabra”.

Petar Brzica recibió un reloj de oro, una vajilla de plata y un gran banquete como recompensa por haber ganado la apuesta. Tras la guerra consiguió escapar a los Estados Unidos y en la década de 1970 se perdió el rastro sobre su paradero. Nunca pudo ser procesado por sus crímenes.

Memorial por las víctimas

Un atroz episodio de la historia que lamentablemente ha quedado en el olvido. Desde Gente Yold creemos que un recuerdo claro del delito es necesario para comprender sus consecuencias y evitar su repetición; por eso resulta imprescindible conocer la verdad, aunque resulte extremadamente dura.

¿Conocías este episodio de la historia? ¿Sabías de los horrores vividos en el campo de concentración de Jasenovac? No dudes en compartir tus sensaciones con nosotros a través de los comentarios o en alguna de nuestras redes sociales. ¡Nos vemos muy pronto! 

Más información:

https://www.jusp-jasenovac.hr/

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