Mundo Yold. En memoria del legendario actor

John Wayne: el actor a caballo

Angel Domingo
18 mayo, 2020

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Hoy, con la ayuda de Ángel Domingo, vamos a hacer un repaso a la filmografía de este actor que parecía haber nacido cabalgando. A unos les gustará más que a otros, pero lo que es indudable es que dominaba las artes ecuestres.

Una canción conocida por muchos yolds españoles y latinos es Feo, Fuerte y Formal (Loquillo). En su estribillo se hace referencia al actor, conocido popularmente como The Duke. Él prefería Duke a Marion; recordemos que el verdadero nombre de Wayne no era John sino Marion Robert Morrison (26 de mayo de 1907, Winterset, Iowa). Fue el primer hijo de Clyde “Doc” Morrison y Mary “Molly” Brown.

El joven John

Medía 1,93 cm y está considerado uno de los grandes mitos e iconos de la historia del cine. Símbolo por antonomasia del western, traspasa con creces ese distintivo hasta convertirse en uno de los intérpretes más queridos por el público cinéfilo estadounidense y una leyenda ineludible para todos los amantes del séptimo arte.

En sus primeros años de vida, Marion y sus padres, Clyde y Mary, decidieron trasladarse a California debido al mejor clima que ofrecía para la salud de su padre, quién cambió su profesión de farmacéutico por la de ranchero en la parte sur del caluroso estado americano.

En el rancho, el joven Marion aprendió a dominar con habilidad el arte ecuestre y se desplazaba siempre montado a caballo. Tristemente, la aventura ranchera no le salió bien a Clyde Morrison y regresó a su viejo oficio de boticario en la ciudad de Glendale, en donde el mejor compañero de Marion, además de su hermano Robert, fue su perro Duke, el verdadero causante de su aristocrático apodo.

Gran aficionado a todo tipo de deportes, Marion era un destacado jugador de fútbol americano sin descuidar por ello sus estudios.

En Centauros del desierto

Después de terminar su etapa en el instituto, acudió a la Universidad de California del Sur en donde prosiguió su carrera deportiva y académica.

Su llamativa fortaleza física, unida a una altura superior a la común, hizo que el popular actor de westerns Tom Mix se fijase en él y le propusiera actuar como especialista en una de sus películas. A Marion no le pareció mal y se pasó por los estudios de Hollywood en donde trabajó para la Fox en calidad de chico para todo.

En el estudio conoció a un joven director que comenzaba a hacerse un nombre en el cine. Su nombre era John Ford. Rápidamente congeniaron y forjaron una entrañable amistad que les unió con gran éxito profesional. Ford le consiguió sus primeros papeles de figurante en numerosas producciones, tanto suyas como de otros realizadores, debutando en un papel no acreditado de una película dirigida por Jack Conway que llevaba el título de Brown of Harvard (Jack Conway, 1926).

Después de estos primeros pasos, lo primero que hizo el joven Morrison cuando vio la oportunidad de asentarse como actor fue reconsiderar su nombre auténtico, ya que lo de Marion Morrison no le parecía demasiado masculino; pensó en Tony Morrison, pero tampoco le convenció, así que sus primeras acreditaciones acabaron firmadas con el nombre de Duke Morrison. Poco después, el legendario Ford le recomendó que cambiara lo de Morrison por Wayne y John Wayne fue el nombre elegido para pasar a la posteridad.

Con John Ford durante un rodaje

El primer papel protagonista para el Duque llegó, de nuevo, gracias a la mediación de su amigo John Ford, quién le recomendó a Raoul Walsh para intervenir en La Gran Jornada (Raoul Walsh, 1930).

Pero la cinta fue un sonado fracaso comercial y Wayne regresó a las películas de Serie B, ahora ya como protagonista de innumerables westerns de escasa calidad. Y, tras intervenir en numerosas cintas del Oeste para diversas productoras, entre ellas Republic, Lone Star, Monogram o Vitagraph, Wayne contó con una nueva oportunidad para dejar atrás la Serie B cuando Ford le propuso para protagonizar La Diligencia (John Ford, 1930), la película que hizo de Wayne un astro, interpretando el personaje de Ringo Kid. Este papel y los que le siguieron le convirtieron en un ídolo y referencia para muchos de sus compatriotas.

Algunos de sus títulos más importantes durante estas dos décadas fueron Mando Siniestro (Raoul Walsh, 1940), Hombres intrépidos (John Ford, 1940) o Piratas del Mar Caribe (Cecil B. DeMille, 1942).

Más adelante, asentado ya en Hollywood, Wayne diversificó sus funciones cinematográficas, y, además de actor se introdujo en tareas de producción con su compañía Wayne-Felowes que, posteriormente, se llamó Batjac y en la que se encontraban sus hijos. A partir de los años sesenta, también dirigió películas como El Álamo (1960) y Boinas Verdes (1968).

Ocasionalmente, Wayne aparcaba el sombrero de cowboy y se ponía traje y corbata

Como actor, y al margen de sus propias cintas, Wayne brilló en las décadas de los 60 y 70 con Alaska, Tierra de Oro (Henry Hathaway, 1960), Los Comancheros (Michael Curtiz, 1961), y, especialmente, en El hombre que mató a Liberty Balance (John Ford, 1962), una de las mejores películas de Ford, en la que, como Tom Doniphon, compartió protagonismo con James Stewart y Lee Marvin.

En cuanto a su vida personal, no se le conocen amores impetuosos. En temas de amor era un hombre tranquilo, pero sí tuvo una relación sentimental con Marlene Dietrich, con quién rodó varias cintas; sin embargo, nuestro protagonista se enamoró de verdad en 1926 de Josefina Sáenz, de ascendencia hispana e hija del cónsul de Panamá en Estados Unidos. Es sabido que le gustaban las mujeres morenas; estuvieron casados diez años (1929-1939) y tuvieron cuatro hijos, que Josefina educó en solitario porque Wayne estaba cabalgando por las tierras de Arizona o rodando en los estudios de Hollywood.

Su segunda esposa fue Esperanza Bauer, una mexicana de piel morena a la que apodaban “Chata”. Aparte de algunas apariciones como extra, se ganaba la vida como call-girl. Este matrimonio duró alrededor de ocho años y de él nacieron tres hijos.

La tercera, y última vez que pasó por la vicaría fue con la peruana Pilar Palette, con quién estuvo casado desde 1954 hasta su muerte. Tuvieron tres hijos.

Su obsesión por seleccionar solo a personajes muy patriotas para sus interpretaciones le llevó a criticar y enemistarse con otros actores. Gran bebedor de whisky: exigía a las productoras suspender los rodajes a las 14 horas pues comenzaba su borrachera; una de sus frases más conocidas era: “nunca confío en un hombre que no bebe”.

Con Mauren O’Hara en la famosa escena de El hombre tranquilo, una de sus mejores películas

Fue el actor preferido del legendario John Ford, juntos hicieron 19 películas, pero no siempre se llevaron bien: durante el rodaje de Centauros del desierto, Ford definió la manera de andar de Wayne como el torpe caminar de un hipopótamo, y en otra ocasión le llamó “huevo escalfado” por su nula expresividad el su rostro.

El actor fue defensor acérrimo de las políticas conservadoras republicanas; apoyó a Richard Nixon, incluso después del escándalo Watergate y anticomunista hasta el punto de apoyar la caza de brujas del senador Joseph McCarthy. Se conoce, por alguna de sus biografías, que a Stalin le desquiciaba el feroz anticomunismo del actor, así que planeó matarlo en varias ocasiones de las que salió ileso.

El fallecimiento de este memorable intérprete se produjo a causa de un cáncer pulmonar el 11 de junio del año 1979. El posible origen de esta enfermedad se produjo en el rodaje de El conquistador de Mongolia (Dick Powell, 1956), localizado en las cercanías de un campo de pruebas nucleares. Sin embargo, otros opinan que contrajo la enfermedad en Madrid, cuando vino a rodar El fabuloso mundo del circo (Henry Hathaway, 1964), para Samuel Bronston. Estando rodando en El Retiro se produjo un incendio que, valientemente, trató de apagar arriesgando su propia salud e intoxicándose de humo.

Está enterrado en una tumba anónima en el cementerio Pacific View Memorial Park, su esposa trató de evitar que su cadáver fuese profanado. Muchos creyeron que en una lápida, bajo la cual no hay nadie sepultado, estaba escrito Feo, Fuerte y Formal. Pero eso no es cierto. Lo que está escrito en esa placa es: “El mañana es lo más importante en la vida. Entra muy limpio en nosotros a la medianoche. Es perfecto cuando llega y se pone en nuestras manos. Y espera que hayamos aprendido algo del ayer“.

Ángel Domingo Pérez

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