Cine Yold. Recordando a uno de los más grandes actores del cine universal

José Luis López Vázquez, un monumento nacional

Angel Domingo
25 abril, 2022

Este reportaje de nuestro querido crítico, Ángel Domingo, quiere homenajear a uno de los grandes de nuestra cinematografía, enormemente admirado por todo yold que se precie de cinéfilo: José Luis López Vázquez. Si todavía estuviera entre nosotros tendría cien años, todo un monumento nacional.

El 11 de marzo de 1922 nació en Madrid un niño, hijo de una modista y un funcionario del Ministerio de Justicia, al que bautizaron con el nombre de José Luis.

Cuenta la leyenda que las primeras palabras que pronunció fueron “un admirador, un esclavo, un sirviente”. Cuando superó los diez años, al pelo de la cabeza del pequeño le apareció un bigote, y se convirtió en uno de los actores más populares y queridos de España, cuya filmografía suma los doscientos títulos y decenas de funciones, teatrales al principio, y televisivas después.

En una secuencia de la inolvidable, El pisito

Abandonó sus estudios muy joven para lanzarse a los brazos del teatro, y no como intérprete, sino como escenógrafo y ayudante de dirección.

Con su esposa y sus hijas gemelas

Totalmente alejado del prototipo de galán, fue capaz de mantenerse activo durante décadas gracias a su fabulosa habilidad interpretativa, que era absolutamente natural; pese a que no dispuso de grandes oportunidades para demostrar su inmenso talento, aprendió a exprimir las posibilidades de los personajes que caían en sus manos.

Con la también grandísima María Luisa Ponte

José Luis López Vázquez entró en el cine como figurinista y diseñó los vestuarios de algunas películas, realizando al mismo tiempo ciertas actuaciones en el teatro. Su encuentro con Luis Escobar, director del Teatro María Guerrero, propició su debut profesional y su inclusión en el elenco de la compañía. En 1955 alcanzó su primer éxito en los escenarios con Una muchachita de Valladolid, con la compañía de Alberto Closas.

En una de las grandes comedias, Atraco a las 3

En el cine, en cambio, pese a un comienzo notable en Esa pareja feliz (1951), de Luis García Berlanga y Juan Antonio Bardem, todo apuntaba a una trayectoria de actor de reparto, dadas sus características físicas. Pero su inmenso talento le posibilitó la participación en muchas películas, convertido en figura habitual del cine considerado de carácter costumbrista: El pisito, Atraco a las tres y otras comedias españolas.

Rodó  títulos imprescindibles, como Plácido (1961) o El verdugo (1963). Fue Carlos Saura quien lo sacó de esa especie de atolladero interpretativo al ofrecerle el papel protagonista de Peppermint frappé (1967, con Geraldine Chaplin y Alfredo Mayo). A partir de entonces continuó su intenso trabajo habitual (rodó hasta doce películas en un solo año), pero cada vez en un cine de mayor calidad, con memorables composiciones.

Los fotogramas de La cabina están grabados a fuego en nuestra memoria yold

En 1972 realizó una impresionante interpretación en el recordado cortometraje de Antonio Mercero, La cabina, que mereció un Emmy. Dentro de tan vasta filmografía, es casi imposible citar todos los títulos destacados; algunos de ellos son La prima Angélica (1973), La escopeta nacional (1978), La vaquilla (1985) y Soldadito español (1988).

Con Luis Escobar, su padre en Patrimonio Nacional

Una fuente de papeles memorables fueron las adaptaciones cinematográficas de obras literarias: con Antonio Drove rodó La verdad sobre el caso Savolta (Antonio Drove, 1979), basada en la obra de Eduardo Mendoza; Mario Camus lo dirigió en su versión de La colmena (1982), de Camilo José Cela; y bajo la batuta de Pedro Olea participó en El maestro de esgrima (1992), según la novela de Arturo Pérez-Reverte.

A finales del siglo XX trabajó para la televisión e intervino en películas como El largo invierno (1992), Todos a la cárcel (1993) y Memorias del ángel caído (1997). En sus últimos años vio premiadas tanto su trayectoria teatral (con el Premio Nacional de Teatro, que recibió en 2002), como su carrera cinematográfica, por la que mereció en 2005 el Goya Honorífico.

En una de sus más valientes interpretaciones: Mi querida señorita

Tuvo la fortuna de coincidir en el tiempo con otro coloso de la interpretación española como Pepe Isbert, con quien López Vázquez, encarnando el personaje de Alvarito, ya había compartido créditos en El Cochecito (1960) de Marco Ferreri.

Con Lazaga, con quien ya había coincidido en los años cincuenta en Las Muchachas de Azul (1957), cinta coral sobre trabajadoras de unos grandes almacenes, interpretando a un fotógrafo en El Aprendiz de malo (1958), film protagonizado por José Luis Ozores, o como secundario en la comedia de estafadores Los Tramposos (1959).

Recibiendo el Goya de Honor

Si bien es cierto que prácticamente ninguno de los títulos que he citado estarían presentes en las habituales listas de mejores películas de la historia, sí están presentes en el recuerdo de los yold cinéfilos. Y esto es, precisamente, lo que actores como José Luis López Vázquez hacen posible: invertir su potencial como actor en películas que no le devolverán réditos en prestigio, pero sí hacen felices al espectador, consiguiendo que olviden sus problemas personales durante el tiempo que dura la película.

Y solo por este ejemplo merece ser recordado.

Pero lejos de conformarse, a lo largo de su carrera recibió la Medalla de Oro de Bellas Artes (1985), el Premio Nacional de Teatro 2002, el Goya de Honor 2004, además de la Medalla de Oro al Mérito en el Trabajo 1997 o la de Oro al Mérito en la Bellas Artes 2001.

Ángel Domingo Pérez

 

 

 

 

 

 

 

 

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