Cine Yold. Recorrido por los rasgos capilares más emblemáticos del cine 

Los bigotes en las películas ¿aportan dignidad a sus personajes?

Angel Domingo
14 diciembre, 2022

Mostachos para todos los gustos han impactado desde las pantallas; rostros varoniles y cómicos, aventureros y dramáticos han encandilado y repelido en películas que nuestro crítico de cabecera nos recuerda hoy, sin pelos en la lengua (aunque sí en la cara).

Hoy quiero escribir sobre los bigotes que permanecen grabados en los miles de fotogramas fílmicos, y que ya nunca podrán ser afeitados.

Comenzaré por el de Mario Moreno, ‘Cantinflas’ para sus amigos, quién con ese personaje nacido en uno de los barrios más humildes de América consiguió ser recordado por su simpático bigote gracias a películas como La vuelta al mundo en ochenta días (Michael Anderson, 1956). Todos pensaríamos que protagonizar esta película, interpretando a Rigodon, le convertiría en ‘el bigote más viajero’, pero tampoco podemos menospreciar el finísimo bigote que lució David Niven por Inglaterra, Francia, La India, y hasta el Canal de Suez, en sus viajes como Phileas Fogg.

Tampoco podemos olvidar el hipnotizante movimiento del bigotito de Charles Chaplin en cada una de sus inolvidables películas, especialmente en Tiempos modernos (1936)

Y aunque os cueste creerlo, uno de los bigotes más populares del cine no tenía ni un pelo, nos referimos al de Groucho Marx que, aunque su ancho mostacho es un icono del cine, se lo tenía que pintar minutos antes de salir a rodar. Resulta irónico que el bigote más brillante del cine fuera también el más falso.

Errol Flynn no tuvo rival, lo paseó por todo el mundo pegado a su rostro de canalla incurable. Fue un auténtico golfo tanto delante como detrás de las cámaras, y el mejor Robin de los bosques (1938).

Hay bigotes capaces de ganar un Oscar, Gable obtuvo uno en la divertida película Sucedió una noche.

Pero el que se lleva la palma fue el del señor Gable, seductor, y con tanta personalidad, que fue apodado como ‘el Rey’. De hecho, como hay bigotes capaces de ganar un Oscar, Gable obtuvo uno en la divertida película Sucedió una noche (Frank Capra, 1934).

Ninguna maquinilla podrá rasurar a los bigotes de celuloide de este artículo.

¿Algún espectador sería capaz de reconocer afeitados a actores como Burt Reynolds o Tom Selleck?

Y, naturalmente sin su bigote, sería imposible reconocer al inspector Clouseau, el rey del peligro.

¿Recordáis al Nota? Sospecho que el peculiar jugador de bolos creado por los hermanos Coen en su imprevisible película El gran Lebowski (1998) pasó a la historia del cine, más por su bigote (y barba) que por su divertida forma de jugar a los bolos.

Y, para terminar este sencillo artículo recordaré el género en el que más protagonistas han lucido bigotes, el western.

El norteamericano Lee Van Cleef consiguió dar una esencia malvada a los personajes que interpretó en los filmes pertenecientes a la trilogía del dólar: Por un puñado de dólares (1964), que facilitó el camino a La muerte tenía un precio (1965), y a El bueno, el feo y el malo (1966), que puso el punto final a una de las sagas más apreciadas por los cinéfilos.

Desconozco si finalmente dejaremos de ver hombres con bigote en las calles de nuestras ciudades, pero de lo que estoy seguro es que ninguna maquinilla podrá rasurar a los bigotes de celuloide que he recordado en este artículo.

Ángel Domingo Pérez

 

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