Mundo Yold. El asesinato de la emperatriz coreana que se opuso al imperialismo nipón

Reina Min: la poderosa emperatriz de Corea que fue asesinada

 

Carmen Matas
12 diciembre, 2022

Conocida tras su muerte como la emperatriz Myeongseong, la reina Min es una de las figuras más relevantes en la historia de Corea, aunque hoy por hoy continúe en la sombra. Involucrada profundamente en el gobierno de su país junto a su esposo, el rey Gojong, terminó siendo asesinada por suponer una grave amenaza ante la sed imperialista de Japón.

En 2001, la serie de televisión coreana Empress Myeongseong se convirtió en todo un éxito en el mundo asiático. La serie se enfocaba en nuestra protagonista de hoy: la emperatriz Myeongseong de Joseon, también conocida como la reina Min.

Quizá el éxito de esta serie se debió a la impresionante y completamente desconocida historia de este personaje. Una vez más, una figura femenina trascendental para la historia queda completamente en la sombra en el devenir de los años.

La pequeña Min

La reina Min fue la esposa de Gojong, gobernante de Corea entre los años 1864 y 1907. Pero nunca fue una consorte más. Ella fue una gobernanta de facto: la influyente y poderosa soberana de Corea. Esta reina supo ostentar el poder en una época en la que las mujeres debían permanecer en silencio mientras sus esposos, hijos o nietos gobernaban. Tuvo una gran visión de Estado y emprendió una colosal tarea de modernización de su país que acabaría costándole muy cara. De hecho, la pagó con su vida.

Ella es otra figura femenina trascendental para la historia que ha quedado completamente en la sombra en el devenir de los años.

El emperador Gojong y el príncipe Yi Cheok

Primeros años
Min nacía en 1851, en el seno de una familia noble, aunque completamente arruinada. Con 16 años se casó con Gojong, de 15 años, por arreglo del rey coreano Tai-won Kun. A los ojos de este, Min era la esposa perfecta para Gojong: procedente de una familia aristocrática sin demasiado poder. Sin embargo, después de llegar a la edad adulta, ya convertida en reina, su aparente sumisión desapareció y Min comenzó a sacar a relucir su ambición y ganas de cambiar las cosas. Se convirtió en la gobernanta de facto de Corea con sus extraordinarias habilidades políticas e inteligencia.

En seguida el padre de su marido, el antiguo rey Tai-won Kun, se dio cuenta de que su joven nuera no estaba muy dispuesta a cumplir con lo que tradicionalmente se esperaba de una reina. La última de sus prioridades era ejercer una vida de cortesana y, por el contrario, tenía tal sed de aprender que se pasaba el tiempo leyendo todos los libros que caían en sus manos, ya fueran de historia, de filosofía, de religión o de ciencia.

Esta reina supo ostentar el poder en una época en la que las mujeres debían permanecer en silencio mientras sus esposos, hijos o nietos gobernaban.

La reina estaba especialmente preocupada por los asuntos de Estado y con poco más de 20 años comenzó a involucrarse activamente en la política. Obviamente, empezó a ser vista con desconfianza y a suponer una amenaza para el resto de la corte.

Una de las muchas representaciones de la emperatriz que popularizaron su imagen por todo el país

Una soberana sin precedentes
El mandato como monarca de la reina Min supuso un antes y un después en la historia de Corea. Fomentó el comercio y los contactos con potencias occidentales, con el objetivo de expulsar a los japoneses del país, que hasta ese momento tenían el monopolio del comercio. Además, Min quería llevar a cabo en Corea reformas educativas y sociales, entre las que se incluía la igualdad de sexos, con el objetivo de otorgar a las mujeres plenos derechos, algo totalmente revolucionario para la época. También creó escuelas de inglés y promovió la tolerancia religiosa y el pluralismo en el país coreano, a pesar de ser ella misma una devota budista.

Interior de su casa natal

Cuando consiguió que su esposo Gojong pudiera reinar en solitario, sin cortapisas de ningún tipo, la reina Min consiguió tener prácticamente el control total -digamos que él no estaba muy interesado por los asuntos de la realeza-. Hizo una limpieza total de la administración, desterrando a la concubina real y a su hijo y colocando a los miembros de su propia familia en posiciones de alto rango dentro de la corte real. Fue una mujer tremendamente inteligente en asuntos de Estado, hasta el punto que el rey Gojong la necesitaba permanentemente en busca de apoyo y consejo.

Japón, el gran enemigo de Corea, era consciente de que la reina Min era el obstáculo más difícil de franquear para hacerse con el control del país. La reina había fortalecido las relaciones con China y Rusia, precisamente para frenar a los japoneses y sus intentos de conquistar el país coreano.

Otro de sus retratos institucionales

Como reina, instauró reformas educativas y sociales, entre las que se incluía la igualdad de sexos.

Un final injusto
Ante la amenaza que suponía que Corea pudiese hacer frente al imperio japonés, el 8 de octubre de 1895 la reina fue asesinada en su residencia del Palacio Gyeongbokgung, cuando tenía 44 años. La mayoría de historiadores están de acuerdo en que fue el embajador japonés en Corea, Miura Goro, quien encargó el asesinato.

Escritorio y servicio de té en su casa natal

Con el apoyo de los Hullyeondae (soldados coreanos entrenados en Japón), los agentes japoneses irrumpieron en el palacio, arrastraron a las mujeres al patio de los aposentos de la reina y asesinaron a tres de ellas, además de a la reina. Los sirvientes del palacio pudieron ver cómo los sicarios japoneses transportaban el cuerpo de Min a un bosque contiguo, donde lo colocaron sobre una pila de maleza y lo quemaron hasta que quedó irreconocible.

Exterior de la casa natal con el servicio 

Las consecuencias
El Gobierno japonés negó rotundamente su participación en el asesinato, sin embargo, se vio obligado a realizar un juicio debido a la presión internacional. Se convocaron a Miura Goro y sus cómplices a juicio, pero pese a los testimonios de los testigos que presenciaron el asesinato, no fueron condenados debido a “falta de pruebas”.

Japón, el gran enemigo de Corea, era consciente de que la reina Min era el obstáculo más difícil de franquear para hacerse con el control del país.

En 1896, Gojong, el marido de la reina, junto al príncipe heredero, se refugió en la Embajada de Rusia en Seúl, volviendo un año más tarde para declararse Emperador de Corea, con el respaldo de Rusia. Fue en ese momento cuando ordenó buscar los restos de la reina Min, con el objetivo darles un funeral apropiado. Cuando se encontraron, fueron enterrados en el templo Jongmyo, que se encuentra en Seúl y dónde siguen reposando en la actualidad. En este funeral se le atribuyó el título póstumo de emperatriz Myeongseong.

Los sicarios de la emperatriz que resultaron impunes

El asesinato de la reina generó un aumento del sentimiento anti-japonés en Corea, lo que a su vez hizo crecer la tensión entre Rusia y Japón, que desembocó en una guerra en 1904. La victoria de Japón en este conflicto dio como resultado el Tratado de Portsmouth de 1905, en el que se reconocían los intereses del país japonés sobre Corea.

El multitudinario funeral

Finalmente, en 1910, Corea fue anexionada por Japón poniendo fin a la dinastía Joseon, de la que había formado parte la reina Min, e iniciando a partir de entonces y hasta el fin de la Segunda Guerra Mundial, sus 40 años de dominación japonesa.

¿Conocías la historia de la reina Min? ¿Sabías que había sido una de las figuras más relevantes de la historia de Corea? No dudes en compartir tus sensaciones con nosotros a través de los comentarios o en alguna de nuestras redes sociales. ¡Nos vemos muy pronto!

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