Mundo Yold. La creación de la hostelería de lujo

Ritz: el negocio del lujo, la pompa y el esplendor

 

Redacción Yold
28 noviembre, 2022

Hubo un tiempo en el que no existían los hoteles de lujo. Los viajeros adinerados se alojaban en posadas, hostales, pensiones y pequeños establecimientos incómodos y con escasos o nulos servicios. César Ritz fue un avispado emprendedor que supo ver negocio en la falta de comodidad de estos alojamientos y creó lo que hoy se conoce como hostelería del lujo. Hoy os contamos su historia, una vida entregada a satisfacer las exigentes necesidades de comodidad de otros.

César Ritz fue un visionario que comprendió que para la clase pudiente, aristocrática o no, integrada tanto por la nobleza como por los nuevos millonarios nacidos del desarrollo industrial y las altas finanzas, no existían adecuados establecimientos que les alojasen en ciudades tan sofisticadas como París o Londres. Era lastimoso imaginar –y una oportunidad de negocio- a estos viajeros, acostumbrados al lujo de sus magníficos hogares, extrañando en sus viajes los servicios de té de plata, las mullidas alfombras y las sábanas de hilo.

Cesar Ritz

Entre el último tercio del siglo XIX y comienzos del XX, este era el panorama generalizado en el negocio hotelero europeo: hostales pequeños, sucios y feos. César Ritz consiguió crear de la nada y dirigir una auténtica cadena de hoteles de lujo que pervive hasta nuestros días.

El joven Cesar en los años triunfantes de su carrera como hostelero

Nacido en una pequeña localidad de suiza, Niederwald, en 1850, en una familia de pastores de cabras, sus comienzos no pudieron ser más distantes de lo que terminó siendo su vida. La frase “Que tu pasado no defina tu futuro” encaja en su biografía como un guante a medida.

 

Ritz con sus dos hijos

En 1867, se va a París y allí trabaja en un bar de barrio y en un restaurante modesto. Tres años más tarde, ya está sirviendo en la Casa Voisin, donde aprende las normas básicas del servicio de mesa y conoce a sus elegantes clientes, algunos tan famosos como el Príncipe de Gales o la actriz Sarah Bernhardt.

Postal con una vista de principios de siglo XX de la Place Vendome y el recién creado Hotel Ritz

De allí se empleó en diversos hoteles y restaurantes hasta que su gran salto ocurrió en 1874, cuando fue nombrado gerente del Gran Hotel de Lucerna, fundado por Max Pfyffer d’Altishofen.

Su esposa y socia en los negocios hoteleros, Marie Louise Beck

Gracias también al apoyo de la que con 18 años se convirtió en su esposa, Marie Louise Beck, hija de una pareja de hoteleros, Ritz pasó de simple empleado a propietario, en 1887, del restaurante La Conversation y de su primer hotel, El Minerva, ambos en Baden-Baden. Marie Louise fue compañera, socia en sus negocios y madre de sus dos hijos, Charles y René.

El antiguo restaurante del Ritz en París, en 1904. (Photo by KEYSTONE-FRANCE/Gamma-Rapho via Getty Images)

“Nunca le digas que no a un cliente, incluso si te pide la luna
A lo largo de todos estos años, Ritz supo crear una cartera de clientes y contactos muy influyentes que, gracias a sus esmerados cuidados, se mantuvieron fieles a él y a sus apuestas emprendedoras en el negocio hotelero.

Así despega la carrera de Ritz. Es en este momento cuando empieza a concebir las necesidades de esa clase privilegiada que frecuenta estos establecimientos, en los que echa en falta multitud de detalles imprescindibles. Por ejemplo, Ritz determinó la instalación de cuartos de baño modernos en cada habitación; reguló la atención personalizada al cliente; estableció parámetros de comodidad como la iluminación indirecta y la decoración esmerada y lujosa, y cambió los papeles pintados por pintura.

Suite Imperiale en el Ritz de París

Incluso, podría ser considerado como uno de los promotores de la higiene doméstica en Europa, pues los privilegiados que pudieron permitírselo comenzaron a instalar cuartos de baño en sus propias viviendas, a imitación de los que habían disfrutado en los establecimientos de Ritz. Las bañeras con doradas patas de león, los delicados y brillantes azulejos en las paredes, los espejos y las molduras creaban ambientes futuristas que enamoraron a los adinerados y estetas de la época.

Salón Proust en el Ritz París, con el retrato del escritor sobre el espejo del fondo

En general, el amor al detalle regía cada uno de los ambientes diseñados por Ritz. Los tocadores en los dormitorios, por ejemplo, ofrecían toda clase de complementos: polveras, jofainas, peines de plata, espejos… Y marcó esta contundente pauta: “Nunca le digas que no a un cliente, incluso si te pide la luna”.

Ritz fue el primero en ver un negocio en la información personal de la clientela, en fijarse en sus gustos particulares, sus aniversarios…

Ningún detalle es demasiado pequeño”
Se puede decir que Ritz fue el primero en ver un negocio en la información personal de la clientela, en fijarse en sus gustos particulares, sus aniversarios… “Ningún detalle es demasiado pequeño” parece ser que aseguraba. Por ejemplo, en una ficha de uno de sus establecimientos se puede leer: “Lord B. gusta de las camelias blancas, bebe un ponche de ron cada noche, a las diez. No aguanta la música en las comidas, es amigo del conde C. La habitación de su secretario debe estar junto a la del Lord, etc.”.

La princesa Ira de Fürstenberg en el Ritz de París, asomada a la place Vendôme, en 1961. (Photo by Giancarlo BOTTI/Gamma-Rapho via Getty Images)

Sus innovaciones en la restauración fueron particularmente destacadas, pues elevó la importancia del servicio y la calidad de los vinos. De esta forma, los rústicos comedores de los hostales, que ofrecían un pobre menú a sus huéspedes, desaparecieron para dejar paso a elegantes restaurantes y exquisitos bistró, que prestaban un servicio refinado, atento al detalle, con platos sofisticados y de alta cocina. También se le atribuye la frase: “Damas y caballeros sirviendo a damas y caballeros”, muy descriptiva de la exquisita relación entre el servicio y la clientela.

El personal de restaurante posando según jerarquías

Con sutiles técnicas psicológicas y la justa dignificación de la profesión del camarero, el maitre, el sumiller, etc., se metió a la clientela en el bolsillo

De esta forma, con sutiles técnicas psicológicas y la justa dignificación de la profesión del camarero, el maitre, el sumiller, etc., se metió a la clientela en el bolsillo y logró un esmerado y profesional servicio del personal.

El Ritz de Madrid

Se cuenta, por ejemplo, la ingeniosa forma en la que resolvió un problema con la calefacción durante un banquete, que se celebraba en pleno invierno: mandó servir los platos previamente calentados, instaló un sistema de ladrillos calientes envueltos en toallas sobre los que los comensales podían apoyar los pies e improvisó una lujuriosa decoración tropical para rematar el ambiente.

A la izquierda, sentado, Auguste Escoffier rodeado por su equipo

Para redondear su éxito en el negocio, se asoció con Auguste Escoffier, el gran cocinero francés, considerado otro transformador del oficio y con él reguló pautas que hoy son internacionalmente admitidas en el sector hostelero: mantelería y vajilla de lujo, personal de servicio hábilmente adiestrado, con su propia jerarquía bien diferenciada por sus uniformes, salones bien aireados y acondicionados… La profesión de sumiller tiene su auge y generalización en estos momentos.

 

Su éxito fue fulgurante y logró dirigir una docena de hoteles simultáneamente, como el Savoy y el Carlton de Londres; el Hotel de las Termas, de Salsomaggiore; el Frankfuter Hof, en Frankfurt y el Provance, en la Riviera.

Lobby del Ritz París en la actualidad

Marcel Proust, Coco Chanel o Ernest Hemingway durmieron entre sábanas bordadas y doseles, pasearon por sus alfombrados pasillos y tomaron té chino en sus espectaculares salones.

A finales del XIX, fundó la firma que lleva su nombre, Ritz Development Company, de la que nacieron hoteles en algunas de las principales ciudades de Europa, América e incluso África: París, Londres, Madrid, Barcelona, Boston, El Cairo, Johannesburgo, etc.

En el centro de la imagen, posiblemente la figura de Olivier Dabescat, el famoso maitre del Ritz parisino, que fue confidente de Proust

Fue anfitrión de príncipes y emperadores y de personalidades del arte y la cultura del siglo XX. Marcel Proust, Coco Chanel o Ernest Hemingway durmieron entre sábanas bordadas y doseles, pasearon por sus alfombrados pasillos y tomaron té chino en sus espectaculares salones.

Claude Auzello, director del Hotel Ritz París, con Marie-Louise Ritz, en 1948. (Photo by KEYSTONE-FRANCE/Gamma-Rapho via Getty Images)

En 1918, a los 68 años, Ritz muere en un sanatorio en Suiza. Y, a pesar de que su hijo Charles continuó el negocio con mucho menos éxito, en la actualidad, Ritz sigue siendo un prestigioso nombre internacional, sinónimo de lujo, de alta rentabilidad y futuro.

Coco Chanel en uno de los balcones con vistas a la Place Vendome, en 1937

De hecho, “ritzy” es una coloquial expresión inglesa que significa lujoso o elegante. La marca es propiedad de varias firmas, entre ellas su principal heredera, el grupo Ritz-Carlton.

Bar Hemingway del Ritz París (Photo: Vincent Leroux)

Una última curiosidad: en la estación de tren de la localidad suiza en la que nació se ha abierto un pequeño museo que homenajea su figura y recrea el espíritu de algunas de sus creaciones. Una excusa perfecta para recordarle entre las nevadas cumbres de su pueblo natal.

Detalle del servicio de mesa pautado por Ritz (Museo Ritz)

En portada: Jardín del Ritz París, 1930 (Foto: Roger Viollet)

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