Santiago Segura, mago de la comedia familiar

 

 

Angel Domingo
19 octubre, 2020

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La industria cinematográfica agradece la valentía de Santiago Segura con su decisión de, en poco más de un año, estrenar la segunda entrega de su cinta de 2019 Padre no hay más que uno.

Mucha gente se ha preguntado cuál sería la razón que llevó a Santiago a dejar a un lado el humor gamberro de la franquicia Torrente y decantarse por comedias más enfocadas hacía el público en general, ¿pensaría que la quinta entrega del desagradable ex-agente de policía no tuviera el éxito previsto?

Los casi 14 millones de recaudación y la gran respuesta del público hacia la primera entrega de este nuevo proyecto seguramente sean la réplica a la pregunta, Padre no hay más que uno 2. Hoy es uno de los mayores éxitos del cine español reciente. Las prisas no suelen traer buenas consecuencias, pero una vez visionada, puedo asegurar que no va a decepcionar a los fans de la predecesora, incluso sospecho que se unirán, como espectadores, muchos nuevos.

Si bien la primera entrega no disimulaba ser un intento de actualización de un tipo de cine que tuvo su apogeo a finales de la década de los 90, comprendo a los que tacharon su propuesta de ser algo rancia; sin embargo, el director ha logrado crear una dinámica muy agradable a través de la relación de un padre con sus hijos en la ficción, y cómo su vida daba un vuelco coincidiendo con las vacaciones de su esposa.

Puede que la franquicia sea un proyecto algo inocente, dirigido a aquellos que solamente quieren dejarse llevar, pero también es justo decir que no fueron pocos los que salieron encantados con ella. En esta secuela recupera todo lo que funcionó en la primera entrega, siendo precisamente su personaje el que muestra una mayor evolución al tener un mejor control sobre todo lo que sucede en su hogar cuando la esposa anuncia un nuevo embarazo, y que él está obligado a mantener un orden mínimo en su casa si no quiere que aparezca una solución drástica: la suegra.

Una cosa sí tenía clara el director: contar con la ayuda de aquellos actores y técnicos con quienes le fue bien en la primera entrega. Así, el guion, firmado por el propio Segura en colaboración con Marta González de la Vega, parece ser muy consciente de que la historia necesita un empujón mediado su metraje, problema resuelto gracias a la sobresaliente energía de Loles León asumiendo el incómodo papel de la mencionada suegra.

No es que el filme alcance un grado de brillantez mayúsculo tras la aparición de la madre política, pero la divertida rivalidad que aparece proporciona un toque más funcional que recuerda a la época de las inolvidables comedias de situación. Sin embargo, su director apuesta porque las situaciones que se generan sean vistas de una forma un tanto inocente, con la evidente intención de llegar a la mayor parte de público, lo cual tiene como resultado que, aunque algunas situaciones terminan siendo disparatadas, nos las intenten colar como reacciones dentro de la normalidad. Y es precisamente ese intento de aportar un espíritu más moderno lo que provoca la sorpresa de algún espectador, pero confiemos en que todos ya debían tener la lección bien aprendida desde la primera entrega.

Y, para terminar, te guste más o menos, hay que reconocer a la película que ha sido capaz de extender el universo de la original, sin convertirse en una simple repetición de bromas. Tampoco voy a asegurar que esta cinta brille por su ingenio, pero sí puede presumir de constancia en el tono para ser una película realizada con tan poco margen de tiempo.

Santiago Segura construye personajes de todas las edades, así si acudes al cine solo o acompañado, seguro que encuentras uno con el que identificarte; además la película está  salpicada de muchos típicos tópicos de nuestra sociedad: la suegra, el cuñado, el grupo de WhatsApp de padres, el regalo de fin de curso de la profe, la niña que acude a un casting, el futbol infantil del fin de semana, otra que quiere un perro… con diferentes cameos de personajes de la actualidad televisiva: Cristina Pardo, Perico Chicote, Arguiñano

Ante esta crisis vírica, el cine es un lugar seguro y esta película, aparte de divertir, ayuda a que sobreviva la industria del cine.

Gracias, Santiago.

Ángel Domingo Pérez

 

 

 

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