Cine Yold. Celebramos setenta años de Cantando bajo la lluvia, el mejor musical de la historia

Sufriendo bajo la lluvia

 

 

Angel Domingo
10 abril, 2022

En 1952 se estrenó una de las grandes obras de arte de todos los tiempos y lugares, en la que música, danza, interpretación, guion, vestuario, fotografía… se conjugaron para bailar en perfecta coordinación, y entusiasmar a todo tipo de espectadores (los que aborrecen los musicales incluidos). Ángel Domingo nos da todos los detalles y datos especiales de esta imprescindible obra maestra.

Muchos consideramos que Cantando bajo la lluvia es una de las películas más bonitas de la historia del cine. Su color y su alegría nos llevan hasta uno de los momentos más mágicos de Hollywood, pero también a uno de los rodajes más agresivos y violentos. Sin ir más lejos, la actriz protagonista, la adorable Debbie Reynolds, asegura cada vez que la preguntan por el rodaje que fue “peor que un parto”. El culpable no fue otro que Gene Kelly, que alternó brillantemente las facetas de director y actor principal de la película.

Kelly la dirigió junto a Stanley Donen, que sí es un director de verdad, con numerosos éxitos en su currículum. Tal vez, el sentirse comparado constantemente con Donen impulsó a Kelly a volcar todos sus miedos y frustraciones sobre los intérpretes, especialmente sobre Reynolds, seguramente la persona más vulnerable del elenco. Debbie solo contaba con diecinueve años cuando comenzó el rodaje, y Gene Kelly la transmitió todos los miedos que sentía al enfrentarse a un reto tan mayúsculo.

Seguramente, Kelly sea el mejor bailarín que ha pisado un plató de rodaje, pero en las tareas de dirección era un novato. Si eres novato, pero vas sobrado de sentido común, intentas acercarte a las personas que piensas que pueden servirte de ayuda, pero si escondes un alma recelosa en tu interior, tiendes a destruir a tus rivales con la esperanza de impulsarte sobre sus cadáveres y salir del atolladero.

Debbie Reynolds era una bailarina notable, pero a sus diecinueve años todavía no había abandonado la casa de sus padres y no tenía la experiencia necesaria para enfrentarse a un reto de tanta magnitud. Gene Kelly se ofreció, de mala gana, a adiestrarla, pero la realidad es que su participación en el rodaje fue un cúmulo de sangre, sudor y lágrimas.

Cuando Debbie publicó su autobiografía, relató, con todo lujo de detalles, el sufrimiento que Kelly le hizo pasar. Y aunque Gene Kelly había fallecido cuando la actriz publicó el libro, se le atribuye una frase muy sincera: “No me comporté nada bien con Debbie, y me sorprende que todavía me hable”.

-“Él nunca me quiso en Cantando bajo la lluvia“, declaró tajante la actriz, que siempre mantuvo que, junto con dar a luz a su hija, la futura princesa galáctica Carrie Fisher, rodar la película fue la tarea más difícil de su vida.

Ella era joven, vivía lejos y tenía que coger cuatro autobuses para llegar al estudio. No sabía bailar claqué, pero había firmado un contrato con la Metro Goldwyn Meyer y la productora estaba lista para convertirla en una estrella. Se encontraba en el momento más prometedor y crucial de su carrera. Su compañero, justo al revés.

-“Gene Kelly quería que la película saliese perfecta, sí, pero casi con la misma fuerza deseaba librarse de su contrato con la MGM (que, como era habitual en aquella época, era abusivo y no le permitía trabajar con otros estudios). Cantando bajo la lluvia habla del modo en que la industria tuvo que prescindir de algunos de sus rostros más famosos, porque los actores del cine mudo no sabían adaptarse al sonoro. Otra película sobre las entrañas de Hollywood se podría escribir sobre los actores que tienen fama de ‘difíciles’: en su deseo de que prescindiesen de él, Kelly no vio ninguna razón para poner freno a su temperamento.

Sonreír hasta que la cara doliese; bailar hasta que los pies sangrasen
Extremadamente exigente consigo mismo y con los demás, fue muy duro con la jovencísima Debbie Reynolds. “Mis pies sangraban de tanto claqué y, cuando lo decía, él me respondía ‘pues te los limpias’. Si no estaba sonriendo, me gritaba que ‘sonriese más’. “Durante el rodaje, creía que se me iban a romper las mejillas de tanto sonreír”. Eso sí, Kelly dijo que podía enseñarla a bailar (ya lo había hecho con Frank Sinatra en Levando anclas), y lo hizo. Debbie Reynolds, que tenía formación de gimnasta, se aprendió los complejos números de baile, y sólo se le resistió un número: Broadway Melody, la secuencia onírica de ballet en la que Cyd Clarisse baila con Gene Kelly.

Escena que, por cierto, tiene truco: Cyd Clarisse, con los tacones puestos, era más alta que él, así que Gene Kelly coreografió la escena de tal modo que en ningún momento apareciesen los dos de pie en el mismo plano. También reemplazó en muchas de las tomas el sonido de los zapatos de claqué de Debbie porque, aunque en cámara quedasen bien, el sonido no le parecía perfecto.

La gota que colmó el vaso, el beso
La acusación más grave de Debbie Reynolds a su compañero es la que tiene que ver con el beso que comparten sus personajes. Sin ensayar y sin avisar, Kelly agarró a la jovencísima actriz y le metió su lengua hasta la garganta. Lo que para él fue un mero trámite, según el biógrafo Michael Levin, para ella fue una experiencia traumática: nunca había besado a nadie e intentó huir y gritó como si hubiese recibido el mordisco de una serpiente (seguramente fuera lo más parecido). Ella esperaba un beso de Hollywood: casto y de mentira. Y quizá habría salido mejor: Reynolds mantuvo siempre que a Kelly se le nota la cara de decepción y molestia cuando ella le respondió con otro beso más dulce.

Muchos años después, la actriz recordaría todavía este gesto: Reynolds contaba que, cuando quiso aprender a besar de verdad en la pantalla, le pidió consejo al actor Hugh O’Bryan, que era “dulce, bueno, un verdadero caballero, tan guapo… y, a diferencia de otros, no intentó colarme la lengua”.

Y todavía no hemos recordado los accidentes
Existe la leyenda popular de que el número más famoso de Cantando bajo la lluvia, en el que Gene Kelly canta Singing in the rain, se rodó en una sola toma. Pero nada más lejos de la verdad: el número tardó varios días en salir a la perfección, entre otras cosas porque el actor tenía entre 38ºC y 39ºC de fiebre durante el rodaje.

Lo que sí es cierto es que la película no utiliza el montaje para tomar atajos y usa planos abiertos y largos, que a menudo muestran el cuerpo entero del actor en movimiento. Así que las tomas de cada número musical tenían que ser prácticamente perfectas, extendiendo las jornadas de grabación durante horas. El último plano de Good Morning, en el que los tres terminan riéndose en el sofá, necesitó alrededor de cuarenta tomas.

Otro de los números más icónicos, el de Make’em Laugh, acabó con Donald O’Connor en el hospital: Gene Kelly quiso que el actor recrease una pirueta que él había hecho cuando era un bailarín joven (esa en la que se sube por la pared y da una voltereta), y conseguirla fue extenuante para su compañero, que fumaba cuatro paquetes de cigarrillos al día y no tenía la forma física apropiada para esa clase de excesos. Lo peor es que, cuando por fin lo consiguió (y tuvo que ingresar por la fatiga, y lleno de rozaduras en las rodillas), la película se quemó y tuvieron que repetirla.

Y si estos problemas parecen pocos, incluimos el vestuario
Walter Plunkett
, que había sido el encargado de vestuario de Lo que el viento se llevó, aseguró que “nunca había tenido que trabajar tanto para una película como para Cantando bajo la lluvia”. Curiosamente, es más difícil ir para atrás tres décadas que varios siglos en lo que a películas de época se refiere: la audiencia de los años cincuenta todavía tenía muy presente lo que vistieron en los años veinte, así que el trabajo de investigación fue mucho mayor. A eso hay que sumarle la visibilidad, la movilidad de los personajes y todos los cambios y personajes secundarios: más de quinientos trajes fueron diseñados para la película.

Setenta años después, Cantando bajo la lluvia es una de las películas más recordadas, amadas y aplaudidas de la historia. Su rodaje fue una tortura, pero el resultado es admirable.

Normalmente, cuando escribo un reportaje sobre una película tan imprescindible como esta, organizo una sesión de cine con mi familia y amigos para disfrutarla con las personas que más quiero, pero después de haber sabido todo lo que sucedió durante este infernal rodaje, creo que disfrutaré de otras películas, tal vez no tan imprescindibles, pero que sí me aportarán mejores sentimientos.

Ángel Domingo Pérez

 

 

 

 

 

 

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