Mundo Yold. Último adiós al inolvidable Loco del pelo rojo

Un patriarca centenario

Angel Domingo
10 febrero, 2020

 Número de Comentarios (0)

El pasado 5 de febrero nos sorprendió la triste noticia de la muerte de Issur Danielovitch Demsky, conocido popularmente como Kirk Douglas, el gran actor y productor de cine estadounidense, que siempre será recordado por interpretar a Vincent Van Gogh en El loco del pelo rojo (Vincente Minnelli, 1956) y su papel protagonista en Espartaco (Stanley Kubrick, 1960), además de protagonizar títulos clave en la historia del cine universal, como Senderos de gloria.

Issur Danielovitch Demsky nació el 9 de diciembre de 1916 en Amsterdam, Nueva York. En su larga vida vivió una Guerra Mundial, dos matrimonios, cuatro hijos -uno de ellos, el popular actor Michael Douglas-, más de noventa películas, peleas a muerte contra la industria de Hollywood, un accidente de avión y un infarto.

El actor, propietario del hoyuelo más famoso del cine

Inició sus primeros pasos en Hollywood, en una América ingenua y llena de ilusión que dinamitó desde dentro sin dejar nunca de pelear; recordemos que se abrió camino en la Meca del Cine interpretando a un boxeador en El ídolo de barro (Mark Robson, 1949), que utilizaba su poder para luchar por los marginados.

Mi padre sólo tenía un caballo y una carreta, así que se hizo trapero”, recuerda el propio actor.

-“Mi padre sólo tenía un caballo y una carreta, así que se hizo trapero”, recuerda el propio actor. “Vivíamos en el lugar más pobre de la ciudad, donde las familias sufrían para sobrevivir, e incluso allí el trapero representaba lo más bajo de la escala social. Y yo era el hijo del trapero”. Kirk Douglas nació de padres judíos, rodeado de miseria y en el barrio más antisemita de Nueva York.

Escena de Champions (El ídolo de barro)

Para sacar adelante a sus seis hermanas encadenó, desde niño, más de cuarenta trabajos, desde repartidor de periódicos y vendedor de golosinas hasta luchador en combates de lucha libre. Decidió cambiarse el nombre a Kirk Douglas y alistarse en el ejército para combatir en la II Guerra Mundial. Su obsesión por demostrarle al mundo que podía ser alguien le convirtió en la más impetuosa encarnación del sueño americano.

En Senderos de gloria, una de las mejores películas antibelicistas de la historia

Durante sus días como estudiante de interpretación apenas podía sobrevivir, hasta el extremo de provocar su propio arresto para pasar una noche en la cárcel y tener un techo. “Llevaba un abrigo muy fino que alguien me había regalado, en pleno invierno. Una compañera me vio, y debió sentir lástima, porque convenció a su tío para que me dejase su abrigo. Lo llevé durante dos años”, recuerda el actor. Aquella compañera era Betty Joanne Perske, quién años después pasaría a la historia con el nombre de Lauren Bacall. Ella misma volvió a salvar a Douglas del feroz frío del anonimato cuando le recomendó al productor de El extraño amor de Martha Ivers (Lewis Milestone, 1946). Aquel sería su primer trabajo en el cine.

Su obsesión por demostrarle al mundo que podía ser alguien le convirtió en la más impetuosa encarnación del sueño americano.

Pero la primera invitación de importancia para participar en la gran fiesta de Hollywood surgió cuando le dieron el papel protagonista en la superproducción El gran pecador (Robert Siodmack, 1949), junto a Ava Gardner y Gregory Peck. Era la película del año y le ofrecieron un sueldo astronómico. Su empeño por interpretar a tipos duros -“los hombres buenos no resultan fotogénicos”, explicaría tiempo después- le llevó a apostar por una película marginal, El ídolo de barro (Mark Robson, 1949), cinta que arrasó y coronó a Douglas como una estrella gracias a su nominación al Oscar.

En Los Vikingos

Michael, su hijo mayor, considera que la fama y el prestigio de Kirk, tiene una sola motivación: “ganarse el respeto de su padre, Harry, un inmigrante ruso que trabajaba como un animal”. Kirk siempre recordó que, en su primera visita a casa tras el rodaje de El extraño amor de Martha Ivers (Lewis Milestone, 1946), le dije a mi padre: “he hecho una película”. Él respondió: “”. Esa fue toda nuestra charla.

Le gustaba interpretar a tipos duros: “los hombres buenos no resultan fotogénicos”.

Por el contrario, su madre, Bryna, le mimó siempre, y Kirk bautizó a su productora en su honor. “La llevé a Times Square en limusina y le recité lo que ponía en el gran cartel promocional: ‘Byrna presenta Los Vikingos’ (Richard Fleisher, 1958), porque ella no sabía leer”. Su madre solo pudo asombrarse ante este homenaje y decir: “América, qué tierra tan maravillosa”.

Desde luego, hace falta mucha pasión para superar los cien años, toda la pasión que puso a su profesión y que a punto estuvo de costarle la cordura, cuando utilizó su cuerpo para adentrarse en los infiernos de Van Gogh en El loco del pelo rojo. El actor, cuyo método consiste en permitir que sus personajes se apoderen de él dentro y fuera de los rodajes, reconoce que perdió el control y que durante aquellos meses pudo sentir cómo poco a poco fue perdiendo la cabeza. Su siguiente película, Senderos de gloria (Stanley Kubrick, 1957) a punto estuvo de rematarle.

En Espartaco encarnó con inusitada fuera y veracidad toda la rebeldía del personaje

Kirk tuvo dos matrimonios, uno durante ocho años con Diana Dill, con la que tuvo dos hijos, Michael y Joel. Se divorciaron en 1951 acusándose mutuamente de infidelidad. Dos años después se casó con la productora y filántropa de origen alemán, Anne Buydens, a la que acaba de dejar viuda. Ambos reconocieron que discutían constantemente, pero una de esas broncas acabó salvando la vida al actor.

Cuando te conviertes en una estrella no cambias, pero todos los demás sí”, opinaba.

Cuando su vecino Mike Todd, casado con Liz Taylor, le invitó a volar con él hasta Nueva York para visitar a su esposa, Anne le insistió para que no fuera. Kirk le hizo caso para evitar una discusión y el avión se estrelló. “Siempre he tenido intuiciones”, recuerda Anne. “La mejor forma de conocer a un hombre es fijándose en su esposa”, opinaba el actor.

Con su segunda esposa, Anne Buydens

Douglas compartió cartel con Burt Lancaster en siete películas. Se ha escrito mucho sobre su entrañable amistad, pero en realidad solo era una estrategia publicitaria; su rivalidad por ser el mejor funcionaba como un combustible porque hacía que, al compartir planos, sacasen lo mejor de sí mismos. Se despreciaban como hombres, pero se respetaban como actores. Douglas se sentía acomplejado por parecer más bajo que Lancaster, 1´76 frente a 1´88, así que utilizaba alzas bajo los zapatos. Y el día que Burt se las escondió para ridiculizarle, Kirk explotó en cólera, y se negó a salir de su camerino hasta que no le trajesen otro par de alzas. Se las llevaron inmediatamente, pero Lancaster nunca le devolvió las suyas.

De izquierda a derecha, Peter, Joel, Michael y Eric, sus cuatro hijos (Image by © Bettmann/CORBIS)

La consolidación de Douglas como una estrella infalible para la taquilla llegó con un puñado de westerns. Pocos cabalgan como él, y su talento para manejar armas sin inmutarse se tradujo en recaudaciones millonarias. El público no se cansaba de verle en pantalla, y él siguió siendo el mismo testarudo implacable obsesionado por impresionar a todo el mundo.

Kirk Yold (Young and old)

-“Cuando te conviertes en una estrella no cambias, pero todos los demás sí”, opinaba. Cuando la actriz Hedda Hopee le acusó de comportarse como un mal nacido porque era una estrella, él le contestó: “Te equivocas: siempre he sido un capullo, lo que pasa es que no te habías dado cuenta hasta ahora”.

Ángel Domingo Pérez

Fotos: http://www.kirkdouglas.com/media-kit

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.

ACEPTAR
Aviso de cookies